La traición
De todos los conceptos deleznables surgidos de la inteligencia y el comportamiento del ser humano, existe uno que me produce verdadera repugnancia: la traición.
La traición no siempre es la misma, siendo repugnante en todos los casos, tiene grados y ciertos atenuantes, tenemos la traición por cobardía, por sobrevivir, por chantaje.., traiciones en contraposición de algo importante y como se observa es una elección entre vida o muerte, vida es igual a traición, por lo tanto es difícil criticar dicho comportamiento lastimero, no todos los seres son valientes o héroes, ni tienen por que serlo.
Pero la traición repugnante y en mayúsculas es la que se hace por mero capricho, por carácter, por egoísmo, por subir un peldaño en tu status, porque piensas que serás reconocido socialmente, por dinero, por fama, por una poltrona, en definitiva por que de persona solo se tiene el aspecto exterior, pero por dentro se es pura carroña, desperdicio humano y algo que la humanidad repudia por lo que de asqueroso tiene ese tipo de traición y por los males que históricamente ha deparado.
Lo curioso es que quien actúa de esta manera tiene un aspecto formal y hasta puede resultar simpático socialmente en su estado de letargo, mientras prepara la siguiente, son seres que se desenvuelven en la sociedad con normalidad y suelen pasar desapercibidos, en la mayoría de los casos tienen inteligencia y son listos, suelen ocupar puestos de relevancia en las empresas y en la política y tienen un estigma que los delata siempre, les importa un bledo los demás, nunca se mojan ni se comprometen si no sacan provecho.
Seguramente cada unos de nosotros tenemos identificado como mínimo a uno de estos bichos repugnantes. En la historia se encuentran por miles.
Un consejo: procurad alejaros de sus cantos seductores.
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diciembre 9, 2007 - Publicado por Celedonio Sepúlveda | Aires, Montañas, Ripollet | cantos, carroña, cobardia, desperdicio, historia, humano, inteligencia, muerte, seductores, Traicion, vida
3 comentarios »
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Lo has descrito perfectamente, yo conozco a más de uno. Demasiados para mi gusto.
Como Sisifo, subió una piedra, hasta la cima de una montaña, así es como me siento en este instante; con el peso de esa roca, cargandola en mis brazos,”es mi destino, mi futuro”que en breve al igual que Sisifo, dejaré rodar ladera abajo de la montaña. No se puede cargar, por mas tiempo, con esta pesada carga…Buscar trabajo, asistir a entrevistas, en las que te atienden los desesperados de turno, que te ven no como a un ayudante de trabajo, sino como el argumentario de una novela, en la que haces el papel del malo, “es decir, vienes a despojarles de sus derechos”.
Desde ese instante mismo, no te conocen, pero eres su enemimgo…Y así, algo que debiera ser el príncipio de un trabajo, el tesoro de una busqueda, se convierte en una pantomima en la que te ves arrojado al circo de los leones, y descubres finalmente que has sido grabado, con que fín de:¡Reirse jocosamente! Encima de haberte sentido acosado, en una subrrealista, representación, de unos seres antisentimentales, inescrupulosos, que acaban con tus esperanzas, tu paciencia, tu fe en la raza humana, “con lo bueno que es mi perro”,y así, van pasando los días, y tus nervios se consumen y acabas formado parte, del mercadeo de la DEPRESION, hasta que un día después de haber buscado incansablemente, encontrado el trabajo, para el cual te preparastes, tan arduamente, descubres que no es tiempo ya de que puedas trabajar, pues es la HORA DE TU JUBILACION, ESO SI, NO VAS A COBRAR, PUES JAMAS COTIZASTES.
Triste vida, la del buscador de empleo, el buscador de esperanza, de deseos incumplidos, de sueños…¡Oda a todo aquel! Que un día lo consiguió, en buena LID, UN ABRAZO DE CORAZON PARA TODOS ELLOS.
Efectivamente no pocas veces el motor de la traición no es sino el puro ego. Muchas personas (por llamarlas de algún modo) sólo sientes que poseen algún poder cuando ejercitan la maldad sobre los demás y sienten que son capaces de salir impunes. Por desgracia existe además una multitud de individuos sin personalidad esperando un gesto de beneplácito como un chucho que aguarda de su sdueño que le frote la cabeza. Ya lo dice el diablo interpretado por Al Paccino en un conocido film: “de todos los pecados, el que más me gusta es la soberbia”