HuellasDos
Dos veces tan sólo he sentido aquel grito de la madre que una oye como si fuera ajeno a una misma: al dar a luz y a la hora de la muerte. Porque cuando sentí aquellas manitas frías en las mías, aquellas manitas que ya nunca me volverían a estrechar, oí mis gritos: los mismos gritos que había oído cuando nacieron. ¿Y por qué los mismos, siendo un grito de suprema alegría y otro de tristeza ? No sé por qué, pero sé que son el mismo grito. ¿No será que en todo el Universo no hay sino un grito que exprese la Tristeza, el Júbilo, el Éxtasis y la Alegría: el Grito de Creación de la Madre?. Mi vida, Isadora Duncan.
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Perdido en los caminos del hombre, a tientas, avanzando entre sentimientos, se me va por entre las manos como el agua, el amor y la ternura.
No se encuentran los caminos del hacer y el querer y el alma de niño vaga por uno y por otro sin rumbo: sin vision. Eso es lo que más duele. Ese es el sentimiento que aturde, que aleja y desconfia.
Pero la vida no es eterna. Celedonio Sepúlveda.